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El Acuario y el hombre contemporáneo

Los peces, como algunos hombres, sólo son sensibles a las pequeñas cosas que los rodean.
Los peces de acuario, como algunos hombres, sólo son sensibles a las pequeñas cosas que los rodean.

El comportamiento de algunos hombres es semejante al de los peces en un acuario: viven, escondidos en su pequeño mundo, indiferentes a lo que pase afuera. Son una especie de “peces contemporáneos” .

Una vez visité un acuario en el que cada pez permanecía en su área.

Me sorprendió lo sensibles que se mostraban en relación a cualquier cosa que se encontraba en el camino de su incesante y ocioso andar a través de su medio líquido.

El contacto con la vegetación, algún pequeño obstáculo, hasta una burbuja de aire tenía inmediatamente un efecto en su dirección y movimientos.

Tuve ganas de saber como reaccionaba su sensibilidad con respecto a lo que pasaba fuera de la pecera, puesto que ésta tenía uno de sus lados enteramente dispuesto para la observación de los visitantes.

Los peces literalmente apoyaban sus bocas – uno podría decir hasta sus ojos- en el vidrio.

Pero eran completamente insensibles a cualquier cosa que estuviera fuera: una mano descansando sobre el vidrio, dedos gesticulando o golpeando – nada de ello les causaba la más mínima reacción.

El mundo fuera de la pecera podría estar cayéndose, que ninguno de estos peces le prestaría la más mínima atención hasta que ello no sucediese dentro de su pequeño y líquido mundo.

Me vienen a la mente aquellos peces cuando veo las actitudes de algunos de mis contemporáneos – no de pocos de ellos – cuando reciben noticias o comentarios sobre el mundo de hoy, a través de la televisión, la radio o los diarios.

Con cada vez mayor frecuencia, las noticias tratan de catástrofes individuales, locales y hasta nacionales.

A veces hasta es discutida la destrucción del mundo en una hecatombe nuclear.

La persona que escucha tales noticias permanece indiferente, mientras no causen inmediatas repercusiones en su pequeña vida privada, en su acuario.

Síntomas de alarmante corrupción, contradicciones aberrantes, indicaciones alarmantes sobre transformaciones de la psicología de grupos sociales – nada de ello es relevante mientras que su pequeña vidita continúe inalterada unos pocos días más, o, tal vez, sólo algunas horas.

Esa actitud me llamaba muchísimo la atención.

Justo en frente de la pecera, tuve el deseo – afortunadamente controlado – de golpear el vidrio y hablarle a los peces para que realmente sintieran la realidad del mundo externo en el que yo estaba y que ellos ignoraban completamente.

También tuve el deseo de golpear otros “vidrios” en los que algunos “peces contemporáneos” viven, escondidos en su pequeño mundo, indiferentes a lo que pase afuera.


Por Plinio Corrêa de Oliveira

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Monumentos que reflejan las cualidades de un pueblo

Felipe II refleja las cualidades del pueblo español
Felipe II, por Claudio Coello

La mentalidad, los modos de ser, de pensar y de actuar de un pueblo se reflejan en su arte y en todos los aspectos de su vida.

La escalera de la Catedral de Burgos que reproducimos más abajo, por ejemplo, refleja la idea de majestad como la concibe el español. Esa idea influye profundamente en su visión de Dios.

El imagina la majestad de una manera muy diferente a la de un francés o un alemán.

Posiblemente un alemán haría quitar todos esos adornos: para ellos la escalera tiene que ser simple, lisa y sin tantos arabescos.

El español comprende la majestad como inmensamente altanera y aislada.

El pintor Claudio Coello refleja esta concepción en el retrato que hizo del Rey Felipe II. El Rey español ‒al contrario del Rey de Francia, que vive en medio de sus súbditos‒ se encuentra en una aislamiento sacral y místico, con una mirada que comunica movimiento, vida, amor y temor reverencial a sus súbditos.

Estos, encantados y a distancia, admiran a un rey, tan rey y tan caballero. Un rey que se conduce rectamente, cercado de un protocolo, de una etiqueta, de una racionalidad.

Un rey que, después haber puesto orden en Castilla la Vieja, en Castilla la Nueva, en Andalucía, Galicia y otros lugares, piensa en grandes conquistas, en ciudades nuevas; en mandar un ejército para combatir a los protestantes. En resumen, dentro de un orden acompasado y solemne, piensa en grandes proezas.

El estilo de Luis XIV es el de la alegría triunfante
Luis XIV recibiendo embajadores

El estilo del Rey francés es tener una sonrisa solar y comunicativa, que se derrama como los rayos del sol: el adorno, el lazo elegante, la alegría triunfal, la ligereza, la gracia y la convivencia constante con todo el mundo. Son dos concepciones totalmente diferentes.

El español ve a Dios como un Dios de Sabiduría, un Dios que está a una distancia infinita de los hombres, pero que lo invita a escalar esos espacios enormes. Cuanto más sube, más se aproxima de la grandeza divina y más se encanta. El Dios majestuoso es por excelencia el Dios de los españoles.

La escalera que reproducimos representa el fausto, la grandeza, lo que está por encima de todo y que no tiene comparación absolutamente con nada.

El Dios justiciero encanta al español. Un Dios que mira y que pone una norma que quiere que se cumpla; que se deleita en premiar y también en castigar. Y que hace de la alternancia del castigo y del premio un juego de luces, que para el español es más bello que el mero premio.

La escalera en la Catedral de Burgos, España intimidad y misterio
Escalera en la Catedral de Burgos, España

Esta escalera tiene algo que invita a la tragedia.

No se puede imaginar que detrás de ella exista un pequeño salón rosado, con muebles dorados y grandes ventanas de cristal, que dejan ver un parque con fuentes de agua y una luz entrando a borbotones.

Por el contrario, ella invita a un recogimiento y a planear muchas y duras luchas, golpes fuertes y conspiraciones tenebrosas.

También se percibe el misterio: es una intimidad llena de misterio; una intimidad de oración; una intimidad llena de secretos; que no es una intimidad abierta.

Es una puerta que se abre y el hombre se siente tragado por un plan divino, que va a exigirle enormes dedicaciones, enormes esfuerzos, enormes tragedias.

Esta escalera nos muestra, a través de este estilo de alma, uno de los modos por los cuales Nuestro Señor Jesucristo se mostró en esta Tierra. Una de las formas por las cuales Dios se muestra a nuestra adoración. El se manifiesta de muchas maneras y una de ellas es ésta.

(Adaptación de conversación de Plinio Corrêa de Oliveira, sin revisión del autor)

Informativo nº 79 de Acción Familia

El Informativo nº 79 de Acción Familia de Marzo de 2019 trae, en su versión PDF descargable, las siguientes materias:
Mendigos españoles: espectros
de hambre, envueltos en capas
de harapos y cubiertos con amplios
fieltros agujereados, manteniendo,
sin embargo, a través de
la mayor miseria, un tal aplomo
que se diría que son Grandes de
España o Señores de Bazán
  • Y el mendigo tiene razón…
  • China reescribe la Biblia para hacerla más “china y socialista”
  • La monstruosidad de la Ley de Aborto de Nueva York
  • ¿Hacia una sociedad atea, tribal y cibernética?
  • No hay que tratar a todos por igual
  • La llama de una vela

Para bajar el Informativo en su versión PDF pulse aquí


 

Para hojear el Informativo

Una pregunta desde la inocencia

La iglesia matriz de Castro nos enseña como el buen gusto no necesita mucho dinero
Iglesia matriz de Castro, Chiloé, Chile

Iglesia matriz de Castro, Chiloé, Chile

La inocencia y el sentido común, que generalmente van juntos, descubren a los hombres de hoy verdades que las modas imperantes no les permiten ver.

Es lo que nos relata la anécdota siguiente. Párrafo

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El pueblo más grande de la Historia (video)

En su Ensayo sobre el Catolicismo, el liberalismo y el socialismo,
el famoso literato español Juan Donoso Cortés, analiza las obras de las civilizaciones antiguas y las compara con la Civilización cristiana.

Donoso Cortés hace el elogio de la Civilización cristiana
Juan Donoso Cortés

Así se refiere a la Civilización Cristiana:

“A esa portentosa civilización se debe todo lo que admiramos y todo lo que vemos. Sus teólogos, aun considerados humanamente afrentan a los filósofos modernos y a los filósofos antiguos a sus doctores causan pavor por la inmensidad de su ciencia; sus historiadores oscurecen a los de la antigüedad por su mirada generalizadora y comprensiva.

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