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Entre la luz y las tinieblas la armonía es imposible

s_pioXSan Pío X afirma que es imposible la armonía entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y Belial.

Por eso, se engañan quienes piensan que alcanzarán una paz efímera mediante la disimulación de los derechos e intereses de la Iglesia, sacrificándolos a intereses privados, disminuyéndolos injustamente, complaciendo al mundo con el pretexto de captar la simpatía de los fautores de novedad y atraerlos a la Iglesia, como si fuera posible una composición o acuerdo entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y Belial.

 

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Un moderado lanzado por la ventana

Novedades del pasado

El tipo humano considerado “normal” hoy es el moderado, o que al menos lo parece.

El moderado, el centrista, acaba colaborando siempre con el extremo  mal
Un moderado es lanzado por la ventana durante al Revolución francesa.

El moderado es por definición un centrista que no quiere comprometerse con las consecuencias de los principios que adopta. Considera ideal hasta no tener principios.

El quiere ser bien visto por todos, nunca tiene opinión estable, a no ser a respecto de su propia moderación. Pero si su posición de “término medio” es atacada, se vuelve furioso: el moderado es un fanático de la moderación. Ataca furibundo a los que desean el bien por entero y los tacha de “extremistas”.

Con los extremistas del mal, por el contrario, sonríe y colabora pues así –dice él– se les ablanda el corazón para que no hagan cosas “tan malas”.

Sin embargo, no satisfaciendo a nadie que tenga una posición definida, el moderado acaba siendo visto como mediocre por muchos y no raras veces termina mal.

A continuación presentamos la historia de un moderado, un noble que participó de la Revolución Francesa, con todo el ardor de su moderación.

Asesinato de Stanislas de Clermont-Tonnerre, un moderado que quiso ser aceptado por los radicales

“Stanislas de Clermont-Tonnerre, de ilustre familia, bien visto en la Corte, había leído a Montesquieu y Rousseau; afiliado a la masonería, era un apasionado de las ideas igualitarias.

“Participó de los Estados Generales, en calidad de diputado de la nobleza. Juzga criminal la obstinación de su orden [la nobleza] y se junta al Tercer Estado (la plebe) (…)

“El inicio fue triunfal: el Tercer Estado festejó a este aristócrata que, rompiendo con su casta, confraternizaba con el partido popular. (…) Pronto llegó al apogeo: sus maneras nobles, su elocuencia elegante lo tornan rápidamente presidente de la Asamblea.

“En contrapartida, en el campo de la nobleza ¡que descrédito! Es el desertor, el tránsfuga, el ingrato, el que dio el primer golpe contra el edificio de la monarquía, a esta monarquía a la cual debía todo.

“(…) en octubre, el populacho invadió el castillo del Rey, masacró guardias, arrastró a la familia real prisionera a París y súbitamente, para Stanislas, así como para otros (…) partidarios de las reformas moderadas, el velo se rasgó.

“¿No son ellos culpables de este desastre? (…) Stanislas hace su “mea culpa”:

“Soy uno de esos hombres débiles y variables que no se fijan en ningún partido”, confiesa él. (…)

“Así es rechazado por todos: sospechoso para la derecha y para la izquierda, tanto en la Corte cuanto en el pueblo, considerado revolucionario por algunos y retrógado por otros.

“Una noche –era el 9 de agosto de 1792- Stanislas cenaba en casa de Montmorín. De repente el toque a rebato se hace oír: el populacho está camino a las Tullerías. (…)

“¿Irá Stanislas a juntarse a los defensores del castillo real?

“¿Cómo sería recibido?

“Prefiere volver a casa.

“Día 10, nueve de la mañana, el motín victorioso expulsó al rey de su palacio, una horda desenfrenada invade la casa del “infame moderado” (…) él escapa, se refugia en una casa amiga, sube al cuarto piso; es perseguido, alcanzado y lanzado por la ventana cayendo a la calle donde terminan de matarlo a golpes de hacha y bayonetas.”

(Traducido de Georges Lenotre, “La Petite Histoire”, tomo 5: “La Revolution par ceux qui l’ont vue”, Bernard Grasset (ed.). París, 1934.)

Para cosas más altas hemos nacido

Hoy en día muchas personas circunscriben sus preocupaciones a la salud, al dinero, la diversión, y a veces al trabajo.

El hombre nació para conocer, amar y servir a Dios Nuestro Señor
Joven rey, escultura medieval en la Catedral de Chartres

Actúan como si esta vida fuera a durar indefinidamente, y viven como si sólo existiera esta vida, cosa que caracteriza a los mundanos.

El idealismo, la dedicación y el sacrificio por una causa noble, es algo que pasa por la cabeza de pocos, y por eso las cosas están como están.

Sin embargo, la Doctrina Católica nos enseña que el hombre no nació sólo para ser feliz, sino principalmente para rendir gloria a Dios.

Los hombres de otras épocas comprendían bien esto, y tenían otras aspiraciones.

Esto se nota al observar a ciertos personajes esculpidos en los pórticos de las catedrales medievales.

Recuerdo la fisonomía del Joven Rey de la Catedral de Chartres. Los trazos de su rostro denotan: Fe, frescor, pureza, idealismo y predominio del espíritu sobre la materia. Sus pensamientos parecen estar muy por encima de las cosas de esta Tierra. Sus ojos parece que no nos miran, sino que miran a través de nosotros, a algo que está más allá.

Esa mirada me trajo a la memoria aquellas palabras del Papa León XIII, que dice que una vez redimido el género humano y fundada la Iglesia:

“Como despertando de un antiguo, prolongado y mortal letargo, el hombre percibió la luz de la verdad, que había buscado y deseado en vano durante tantos siglos; reconoció sobre todo que había nacido para bienes mucho más altos y más magníficos que los bienes frágiles y perecibles que son alcanzados por los sentidos, y alrededor de los cuales había circunscrito hasta entonces sus pensamientos y sus preocupaciones.

“Comprendió que toda la constitución de la vida humana, la ley suprema, el fin al cual todo hombre se debe sujetar, es que, venidos de Dios, un día debemos volver a Él.

“De esta fuente, sobre este fundamento, se vio renacer la conciencia de la dignidad humana; el sentimiento de que la fraternidad social es necesaria hizo entonces pulsar los corazones; en consecuencia, los derechos y deberes alcanzaron su perfección, o se fijaron integralmente y, al mismo tiempo, en diversos puntos, se expandieron virtudes tales como la filosofía de los antiguos siquiera pudo jamás imaginar.

“Por esto, los designios de los hombres, la conducta de la vida, las costumbres tomaron otro rumbo.

“Y cuando el conocimiento del Redentor se esparció hasta muy lejos, cuando Su virtud penetró hasta las vetas más intimas de la sociedad, disipando las tinieblas y los vicios de la Antigüedad, entonces se obró aquella transformación que, en la era de la Civilización Cristiana, cambió enteramente la faz de la tierra”

(León XIII, Encíclica Tametsi futura prospiscientibus, 1-XI-1900).